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Escrito por Centro Taoísta   
Martes 19 de Abril de 2011 19:39

 

 Ondas, pulsos, ciclos.

Un movimiento hacia fuera, otro hacia adentro, uno de expansión, otro de retracción.

Ahora acelerando, ahora enlenteciendo. Ahora ascendiendo, ahora descendiendo.

 

Cambio constante.

 

Eso pareció a los antiguos chinos el universo observado. La bóveda celeste y el paisaje a su alrededor cambiaban constantemente dentro de un patrón ordenado y cíclico:


Madrugada, mediodía , atardecer y noche.
Primavera, verano, otoño e invierno.

Nacimiento, adultez, ancianidad y muerte.
Una y otra vez sin interrupción. Todo lo que se observa aparece como cambiante y simultáneamente estable.

El Universo tiende a expresarse en un estado de equilibrio dinámico y autosostenido.

El ser humano que observa tampoco escapa a este flujo constante. Es también dinámico el equilibrio que mantiene a nuestros organismos dentro de valores y parámetros que permiten y sostienen la vida.

Para referirse a este estado de cosas, los antiguos chinos modelaron dos teorías que intentan describir esta realidad a la vez unitaria y dual, estable y dinámica.

El modelo o concepto de Qi *, frecuentemente traducido como “energía”, aparece para dar cuenta de la idea de unidad. El ideograma chino para Qi, está compuesto por dos elementos.
Uno constituido por una representación de una planta de arroz y el otro por la de una voluta de humo. Juntos apuntan hacia la idea de un constituyente único nutricio, vaporoso, sutil.
El Qi es visto entonces como el componente unificador, lo que amasa, da forma y conecta a una realidad esencialmente única, interconectada, a la que otorga además su dinamismo y orden intrínsecos. Al fondo de todo lo que es, detrás de todas las apariencias de separación e independencia, todo lo que existe, es Qi. Distintas cualidades, un solo material.

En segundo lugar, y para explicar la naturaleza aparentemente múltiple de la realidad y la dinámica de las relaciones entre estas partes, aparece la teoría Yin-Yang. Estos conceptos, cuyos caracteres describen respectivamente las caras o laderas sombreada y soleada de la misma colina, predicen y marcan la inevitabilidad y la dirección del cambio. A partir de incontables observaciones, los chinos consideraron seguro afirmar que, sin importar cual fuera el fenómeno, o el momento en que se le observe, este va en camino hacia su transformación. Si lo vemos en un momento de despliegue, pronto habrá un cambio de dirección hacia el repliegue. Si lo observamos ascendiendo y esperamos, lo observaremos después descendiendo. Si ahora avanza, luego retrocederá.

Uno de los dos conceptos, Yang, describe los movimientos caracterizados por avance, despliegue, ascenso, aceleración, expansión. El otro, Yin, describe el movimiento de retorno, de repliegue, de descenso, de interiorización. Ambos interactúan y se definen mutuamente. Ambos se persiguen, juegan, danzan y se muerden la cola. Donde vemos uno, pronto aparecerá el otro. Sin embargo, los opuestos aparentes se descubren pronto como componentes de una realidad común que les incluye a ambos. Largo y corto aparecen conectados en la idea de longitud, alto y bajo en la de altura. Después de todo, si expresan el cambio y este es una expresión del único Qi, Yin y Yang, pueden parecer dos pero son en verdad, uno. Yin y Yang son entonces, categorías para describir el movimiento y el cambio, no cualidades estáticas de los objetos. Ambos están siempre presentes en el mismo fenómeno, en su centro, anticipando y prediciendo el destino irrevocable de estar en ruta, de andar hacia el cumplimiento de la tarea de transformarse en algo distinto de sí mismo. El día desplegándose y corriendo hacia la noche, el verano replegándose hacia el invierno.

Junto a la de oposición e interdependencia simultáneas, encontramos otra noción importante: la de divisibilidad múltiple, que declara que cualquier fenómeno o proceso observado, no sólo es en sí mismo una unidad conformada de elementos yin y yang, sino que cada parte de él, es una nueva unidad yin-yang, aunque de orden distinto. Así por ejemplo, la noche, Yin respecto del período diurno como un todo, tiene sus propios momentos Yin y Yang, momentos más luminosos (Yang) y oscuros (Yin) dentro de sí misma. Todo lo que es, la totalidad y cada una de sus partes es una combinación de elementos Yin y Yang.

Esta última idea es posteriormente elaborada para dar lugar a la teoría San Bao “Tres Tesoros”, que declara al ser humano en el centro mismo, no testigo, no en la periferia, sino un componente nuclear del universo, una nueva unidad Yin – Yang, una nueva totalidad aunque de otro orden .

En retrospectiva, podemos incluso emplear las nociones de Yin y Yang y ver aparecer a la sombra del concepto de Qi, (que es la expresión visible, dinámica y funcional de la realidad, luego Yang), el de Dao (Tao), el camino, la fuente, la contraparte silenciosa, profunda, Yin, que sustenta, guía y sostiene el movimiento de la totalidad siguiendo sólo sus propios designios.

Por último, el sistema de 8 trigramas, (Ba Gua), núcleo fundamental del Yi Jing, deriva de la superposición de los de Yin y Yang y San Bao o 3 Tesoros. El razonamiento base es el siguiente. Si toda la realidad está construida de Qi, entonces también el cielo y la tierra, no sólo el ser humano están sujeto a las leyes del cambio constante y ordenado de Yin a Yang, de Yang a Yin. De este modo, el cielo, si bien Yang respecto de la Tierra, podría expresar entonces, momentos Yin y Yang ( p ej. día o noche, soleado o nublado, etc.), y la Tierra, si bien Yin respecto del Cielo, a su vez, puede presentarse en una cualidad Yin u otra Yang (p. ej. verano o invierno). Esa combinación de dos estados potenciales : Yin y Yang, en tres niveles distintos : cielo, ser humano y tierra, dan lugar a las 8 combinaciones conocidas como trigramas. Este sistema octal, es la base de los 64 hexagramas del Yi Jing y de su eficacia como
texto oracular, ya que, siguiendo la premisa de que el cambio es ordenado y no caótico y que entonces, si encontramos un proceso confiable para identificar la combinación de Yin y Yang que describa el momento presente (mediante el empleo de tallos de milenrama o de monedas, por ejemplo) podremos predecir la constitución del momento siguiente y salir preparados a su encuentro.

* Pronunciado aproximadamente Chi en castellano. El idioma chino no tiene alfabeto y para representar el sonido de las palabras (método de transcripción fonética), se han ideado varios sistemas de los cuales el conocido como pinyin (literalmente deletreo por sonido), desarrollado en China, es el más empleado en la actualidad. Es por eso, que podemos ver el ideograma de Qi, transliterado de diversas maneras : Ki, Ch’i, etc.

 

Última actualización el Jueves 02 de Junio de 2011 22:45
 

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